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Manicomios, una realidad con futuro incierto
"Editorial"
Por estos días en diferentes ambientes sanitarios, medios
de divulgación y revistas especializadas, se está hablando de
desmanicomialización.
Nuestra intención es abrir interrogantes e intentar reflexionar sobre el tema
con el fin de contribuir a su difusión apostando a su futura apropiación por
parte de la comunidad.
El cierre de los manicomios responde a una necesidad social
evidente ya que implica una ruptura con la caduca terapéutica asilar que data
de más de 100 años. Este cambio de paradigma supone la defensa de los derechos
de los pacientes internados, cronificados y marginados de toda relación social
como consecuencia de su prolongada hospitalización.
Ahora bien, la dificultad aparece cuando la política de
desinstitucionalización es implementada acríticamente respondiendo
así a lineamientos puramente económicos "sugeridos" por organismos
internacionales así como a manejos políticos que concluirían con la población
hospitalaria en la calle y sin ningún tipo de protección social.
Concretamente, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, una
de las razones para impulsar el cierre de los manicomios, la constituye el
decreto 1961 que conceptúa como áreas disponibles las ocupadas actualmente por
los Hospitales Borda, Moyano y Rawson entre otros. Los rumores que circulan
hablan de la construcción de centros comerciales o barrios privados en esas
locaciones.
A las cuestiones económicas y a los distintos intereses políticos
de la Ciudad, se le suman otros factores interactuantes que complejizan aún más
la cuestión. La industria farmacológica tiene cada vez mayor peso en el sector
de la Salud Mental, a medida que va generalizándose el empleo de psicofármacos
para toda forma de malestar psíquico las posibilidades de difusión de una
nueva terapéutica se ven reducidas. Como ejemplo de este consumo, en 1998, se
vendieron un total de 377 millones de pastillas entre antidepresivos, ansiolíticos
y antipsicóticos.
Otro aspecto que no puede ser dejado de lado en toda política de
desmanicomialización se relaciona con la problemática de los trabajadores de
la salud y la de los futuros profesionales. Éstos últimos, están siendo
formados en marcos conceptuales que se orientan a una práctica netamente clínica
e individualista. Paralelamente, los empleados de los hospitales ven peligrar el
futuro de sus fuentes laborales ante la posibilidad del cierre de los psiquiátricos.
El
trabajo con la comunidad constituye un requisito ineludible a fin de cuestionar
arraigadas representaciones sobre la locura, la marginalidad y peligrosidad con
que se connota a quien padece psíquicamente. Máxime cuando esos
"locos" resultan ser pobres, excluidos y sin posibilidades familiares,
educativas o laborales. Sin un trabajo profundo de reflexión sobre tales
nociones, cualquier proyecto que se plantee la modificación de los supuestos
manicomiales corre inevitables riesgos de fracasar.
Para comenzar a pensar en alternativas posibles al manicomio es prioritario
rescatar experiencias realizadas en nuestro país y en otras partes del mundo. A
modo de ejemplo basta citar el caso de la reforma psiquiátrica Italiana que
culminó con el cierre del Hospital de Trieste hacia fines de la década del 70.
Finalmente, en nuestro país, los procesos de desmanicomialización
en Río Negro, San Luis y Entre Ríos constituyen referentes ineludibles al
momento de delinear diferentes propuestas de reforma del sistema psiquiátrico.
Hemos intentado reflexionar sobre algunos de los elementos que
hacen a la complejidad de todo proceso de desinstitucionalización, el desafío
ahora, es ponerlos a trabajar...
Trabajo realizado junto a la Lic. Gabriela Oller, Otoño 1999
http://www.julianantman.com.ar/trabaj.htm
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