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Alfredo Olivera,
director de La Colifata, explica cómo concretó durante nueve años,
sin apoyo estatal, su particular terapia de la palabra. Ahora habrá estudio
techado, gracias a aportes privados. Reportaje de Pagina 12
Es una radio en el borde. Y está ubicada en el Borda. En FM La
Colifata, la radio hecha por los internos del Hospital Neurosiquiátrico
José Borda, la línea que divide el estrecho de la locura es demasiado
fina como para poder descubrirla a simple vista. Los colifatos –así
les gusta llamarse a los que ponen su voz en el micrófono– acaban de
cumplir nueve años de vida, pero el trayecto no fue precisamente
sencillo. Su director Alfredo Olivera explica a este diario cómo la
radio tuvo que ser reconocida por fuera del hospital, para ser aceptada
desde adentro. El 23 de agosto de 1991, Olivera, director del proyecto,
estaba comenzando a construir un puente que los hizo cruzar por las
altas paredes del Borda. Y el puente creció a pesar de todo, incluso a
pesar del mismo hospital.
Fue la casualidad lo que llevó a Oscar Ruggeri a donar –como un buen
regalo de cumpleaños– los fondos para armar un estudio propio de
emisión que comenzará a construirse pronto. Hasta ahora, los internos
lidiaban con el frío y la lluvia cada vez que éstos se hacían
presentes y contaban (de hecho todavía cuentan) con tan sólo unas
sillas para sentarse alrededor de una mesa diminuta. “Esto demuestra
que hay claramente una política de indiferencia del hospital con el
proyecto de la radio”, dice Olivera a Página/12. “Pero como La
Colifata tiene una presencia fuera del hospital bastante importante,
apostamos a crecer a partir del aporte que hace la gente.”
–¿A qué se refiere con buscar el crecimiento por afuera?
–Hace 3 o 4 años, desde la dirección del hospital estuvieron por
inaugurar un proyecto radial que se iba a llamar FM Borda, y que nos
dejaba afuera a nosotros. Ese proyecto naufragó, entre otras cosas
porque La Colifata logró una fuerte repercusión. Nos invitaron a dar
charlas o conferencias en Alemania, fuimos a un congreso de rehabilitación
en Holanda, conseguimos un Martín Fierro, y aun así nunca nos dieron
un espacio físico.
–¿Cómo fueron los festejos?
–La Colifata nació el 3 de agosto de 1991. Se festejaron los 9 años
desde la continuidad de un proyecto que fue creciendo en relación con
los niveles de respuesta comunitarios. Aprovechamos para festejarlo
porque vamos a poder construir un estudio de emisión en el mismo lugar
donde ahora estamos al aire libre, con el aporte económico que va a dar
Oscar Ruggeri (director técnico de San Lorenzo). El se enteró de La
Colifata por una nota en TyC, le contamos que queríamos construir un
estudio y se ofreció para poner la plata. Además va a participar la
Organización Ecológica Utopía. Entre ambos van a dar los fondos para
construir un estudio y es idea nuestra que sean los internos los albañiles
de la construcción. Incluso está pensado que ganen un sueldo por su
trabajo.
Olivera comenzó a visitar el hospital siendo parte de un grupo que se
llamaba Cooperanza, creado por Alfredo Moffat, y que fue la continuación
de la peña Carlos Gardel interrumpida en los años de plomo. “Yo
empecé a ir a ese grupo y después de unos 8 o 9 meses se me ocurrió
la idea de armar la radio. Creo que en el hospital, además de la
patología que pueda tener un interno, también cargan con la cruz de la
marginación. La radio fue pensada como un salto al muro para volver a
poner la palabra de los internos fuera del hospital. Luego nos dimos
cuenta de que tenía fines terapéuticos.”
–Escuchándolos en la radio da la sensación de que la línea entre
el adentro y el afuera es demasiado estrecha...
–Eso es significativo. Desde nuestro posicionamiento ético pensamos
en la radio como un dispositivo para tratar de despertar en la comunidad
acciones solidarias, y también efectos terapéuticos puntuales. Ahora
bien, no hay clínica posible si no se tiene en cuenta que detrás de la
radio hay justamente eso: gente. Que la vida les ha pegado y ellos han
sido atravesados, y van cruzando el hecho de existir y tratan de
subsistir de distintos modos.
–Es curioso ver cómo se ríen de sí mismos...
–A ellos les gusta llamarse colifatos. Parece que hay una diferenciación
entre el loco feo y peligroso y el colifato que ha logrado con ese
significante otra mirada desde el punto de vista de la sociedad.
–¿Hay pertenencia a la radio?
–Esa es la idea. No se trata de un proyecto normativo, no se trata de
que nosotros, “los que sabemos”, desde el taller de radio, les enseñemos
a hablar, o a producir un programa. El hacer mejores programas o mejores
producciones son efecto de que acá lo que más nos importa es que lo
que emerja sea un Pedro, un Juan, una María o una Estela. Y lo que hace
la radio es habilitar un espacio desde lo simbólico para que de allí
pueda emerger un discurso. Por eso creo que la Colifata, en general, no
da lástima sino que despierta ternura y ganas de acercarse en la gente.
Lo otro sería patético. Pretender que sean aprendices de un Macaya Márquez
sería seguir profundizando el proceso de desapropiación de las
personas. |
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